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7 de octubre de 2013 - Número 132

La literatura boliviana de la Guerra del Chaco, desde 2013

Jorge Siles Salinas*

Estos son algunos fragmentos del “apéndice” redactado para la segunda edición (2013), corregida y aumentada, de La literatura boliviana de la Guerra del Chaco, clásico estudio del historiador Jorge Siles Salinas.
La literatura boliviana de la Guerra del Chaco, desde 2013

En 1969 publiqué, con el auspicio de la Universidad Católica Boliviana, la primera edición de La literatura boliviana de la Guerra del Chaco. Aunque han transcurrido más de 40 años desde entonces, creo que el análisis y las conclusiones contenidas en ese breve libro de crítica literaria mantienen su vigencia. No tengo noticia de publicaciones hechas en Bolivia o Paraguay que aborden el mismo tema. Recogí en ese escrito los principales testimonios que me fue dado encontrar de escritores bolivianos sobre sus experiencias a lo largo de la tragedia de los años 1932 a 1935 en la estéril planicie del Chaco durante la absurda contienda librada entre Bolivia y Paraguay. Al menos un fruto valedero dejó ese conflicto insensato: una muy importante producción literaria. Al apreciar su valía, me propuse indagar cuáles fueron los grandes temas de inspiración y los puntos de convergencia que se dieron entre los diversos autores que se ocuparon de esa aventura. 

En dos notas que sirven de epílogo al libro Sangre de mestizos, de Augusto Céspedes, publicadas en el diario La Nación, de Santiago de Chile, en junio de 1935, el autor resalta dos rasgos característicos de la guerra, vista desde el lado boliviano apenas llegado el momento del armisticio: 1) la insensatez imperdonable de esa lucha desencadenada por gobiernos carentes de todo sentido de la realidad histórica, geográfica y humana de su desenvolvimiento. 2) el heroísmo de los soldados de ambos países, llevado a extremos difíciles de concebir. 

En cuanto a lo primero, valdrá la pena reproducir unas líneas de uno de los artículos recogidos en el periódico mencionado: “El sol del Chaco, incendiario y brutal, caldea la arena y hace hervir los sesos. Producía éste la insolación de los soldados en las áridas jornadas del infierno incoloro que descubre su malignidad en la apariencia de los árboles atormentados, estrangulados en actitudes de dolor tetánico, inexplicablemente adheridos, misteriosamente existentes sobre esa tierra inflamable como la pólvora”. Esa es la geografía del Chaco, y a ella fueron llevados los soldados de ambos pueblos hermanos para destruirse mutuamente, en un territorio carente de toda riqueza, inhóspito e inhabitable; por ello, ese prolongadísimo esfuerzo de guerra, entre naciones que no tenían motivos para odiarse, sólo admite los calificativos de desatinado o disparatado, desde la perspectiva de la historia, y arroja una condenación implacable sobre quienes no fueron capaces de detenerla. Particularmente grave fue el hecho de que nuestros gobernantes del año 1932 no tuvieron en consideración ni el dato geográfico fundamental de que el Chaco es un territorio a cuyas condiciones naturales estaba habituado el soldado paraguayo, en una planicie tórrida donde los soldados del altiplano boliviano se veían expuestos a los rigores de esa naturaleza desconocida y distinta, ni tampoco consideraron la condición histórica del pueblo paraguayo, heredero de la épica tradición de su guerra contra la alianza de Brasil, Argentina y Uruguay, de 1864 a 1870.

Sin duda, los libros que alcanzan mayor trascendencia en nuestra copiosa literatura sobre la Guerra son Sangre de mestizos, Aluvión de fuego, Laguna H.3, y Prisionero de guerra. Pienso que deben destacarse algunos de los elementos cruciales que fueron tenidos en cuenta por quienes escribieron las obras claves de nuestra literatura chaqueña. Esos puntos podrían resumirse del modo siguiente: 

1.Los autores bolivianos de los que me ocupé en el libro de 1969 presentan rasgos distintivos que hacen de su obra un ciclo literario consistente. 

2.La mayoría de ellos fueron testigos de los episodios de la guerra. Al término del conflicto, ya desde el año 35, se apresuraron a publicar sus manuscritos en países vecinos al nuestro, particularmente en Chile y Argentina. Como movidos por una necesidad vital de transmitir sus experiencias personales, se dieron prisa a publicar sus impresiones en forma de cuentos o novelas en los años inmediatos, desde el 35 al 39. Algunos de los libros fueron la obra única de sus autores. Entretanto, los más señalados e ilustres escritores de Bolivia de las generaciones anteriores guardaron un extraño silencio, sin querer consagrar obras propias al suceso épico y trascendental que se desenvolvía en los lejanos territorios de una zona desconocida e impenetrable que nos separaba del Paraguay.

3.Los criterios que se recogen por lo común en los escritos de los autores comentados coinciden en hablar con horror del escenario trágico en que la Guerra se desenvolvió. Ello lleva a tales autores a reconocer el carácter incuestionablemente absurdo de la empresa guerrera en que se vieron envueltos. Coinciden también en sostener que el mayor causante de las aflicciones padecidas por nuestros soldados fue el ambiente geográfico, hostil a toda forma de vida humana que allí les rodeaba. Esto hace concebir al paraguayo adversario no como un verdadero enemigo sino como una víctima semejante.

Es claro que las novelas de la Guerra del Chaco forman un ciclo literario, en el sentido que se asigna a este concepto cuando se habla del conjunto de obras narrativas que giran en torno a un período histórico preciso o a una serie encadenada de acontecimientos. Así como la Guerra Civil de España o la Revolución Francesa o la Guerra de Secesión en los Estados Unidos han originado una variada producción novelística inspirada en esos grandes sucesos, que han configurado el rumbo de la historia, así también, en nuestra particular circunstancia, reducidas las proporciones en que nuestras biografías nacionales se desenvuelven, la contienda que libraron Bolivia y Paraguay, desde 1932 a 1935, no ha dejado de suscitar un movimiento interpretativo, en uno y otro país, tanto en la literatura puramente histórica como en la de ficción, que ha venido a iluminar uno de los momentos más dramáticos y memorables de su existencia. 


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